“Desearía, si Dios fuese servido, poder más de lo que
puedo”
Ignacio de
Loyola (Cartas 2, 411. 11 agosto 1548)
“El Magis ignaciano”. Impulso a que la humanidad viva -apuntes a vuela pluma. -Carlos Rafael Cabarrús S,J. Instituto
Centroamericano de Espiritualidad Universidad Rafael Landívar. Guatemala, abril
2003.
Cualquiera que ha convivido con instituciones jesuíticas colegios,
universidades, parroquias,
centros de espiritualidad- y aunque no se le haya dado ningún tipo de
formación en lo ignaciano, probablemente ha leído unas letras en las entradas de edificios o en las portadas de revistas:
AMDG. Estas letras significan en latín
Ad Maiorem Dei Gloriam, que quiere decir:
Para la mayor gloria de Dios.
Estas palabras
aparecen en sitios importantes para los jesuitas
porque de alguna manera expresan, en síntesis, el carisma de la Compañía de Jesús. Esa mayor gloria de Dios se
ha comprendido adecuadamente
en la versión que hiciera san Ireneo “Gloria Dei homo vivens”. La gloria de Dios radica en que la humanidad viva, frase que radicalizó Monseñor
Romero enfatizando que se le da gloria a Dios si es que el pobre vive. Ahora
bien, hay que establecer claramente una distinción. Lo
“jesuítico” pertenece a la Compañía de Jesús y a sus instituciones, y está
plasmado en las Constituciones; lo
“ignaciano”, es un modo de sentir y actuar emanado de la experiencia de
los Ejercicios Espirituales, que son un regalo para todo el pueblo de Dios. Estos Ejercicios son el texto
fundante de ambos modos de ser y proceder,
tanto para los jesuitas como para las personas ignacianas. El texto de
las Constituciones, también escrito por Ignacio, es una de las concreciones del
carisma ignaciano que, con todo, no se agota ahí. Ahora se está utilizando con frecuencia, la palabra
MAGIS, para nombrar cosas o
movimientos que tienen que ver con lo ignaciano. Y esto se explica porque
todo lo que tiene ese carisma ignaciano, tiene en el magis su vértice, su punto central. Por eso es
importante conocerlo más ya que se constituye en el corazón de este modo de sentir y actuar al que está
invita da toda persona cristiana que
se siente atraída por este impulso, máxime si pertenece o trabaja en
instituciones de la Compañía.
Magis quiere decir: más, lo mayor, lo mejor, pero respecto al servicio que se hace.
Hay que comprender, con todo, que
el magis es comparativo y no superlativo. Es decir, que
partiendo de un nivel en que se está – de crecimiento
personal, de servicio etc.,- se puede experimentar un
avance sobre ello. Esto supone,
por tanto, una dinámica interna pujante fruto de nuestra misma humanidad pero sobre todo, el
impulso de la gracia. Como veremos adelante, el magis, en nivel ya espiritual, se articula en las coordenadas del “seanmisericordiosos
como mi Padre es misericordioso” (Lc. 6,36), y de “el que cree en mí hará obras aún mayores” (Jn. 14,12). Pero
sacando partido de un dinamismo humano previo. La Congregación General
34 de los jesuitas, hace una descripción de esto que llamamos
Magis. El magis no es simplemente una más en la lista de las características del jesuita. Las impregna
todas. La vida entera de Ignacio fue la búsqueda de un peregrino hacia el
magis, la siempre mayor gloria de Dios, el siempre más cabal
servicio de nuestro prójimo, el bien más universal, los medios apostólicos maefectivos”.
Es decir, que
lo más típico de un jesuita, de la persona ignaciana, debe ser este magis, que debe convertirla en alguien que “ nunca está satisfecha
con lo establecido, lo conocido, lo
probado, lo ya existente”.
En palabras de
Ignacio: “Desearía, si Dios fuese servido, poder más de lo
que puedo”(Cartas, 2, 411).
La persona ignaciana, laica o jesuita, debe sentirse
constantemente –según lo indica
la misma Congregación General- impulsada a descubrir,
redefinir y alcanzar el magis. Por esto, para la persona
ignaciana las fronteras y los límites no son obstáculos o términos, sino
nuevos desafíos que encarar, nuevas oportunidades por las
que alegrarse. Así lo afirmó el P. Pedro Arrupe -anterior
Superior General de los jesuitas- quien al hablar del modo de proceder de la Compañía, decía: lo nuestro es
una santa audacia… una cierta agresividad
apostólica.
1. Lo que no es el magis
Hay que hacer
una salvedad. La tendencia al más tiene que ver con nuestra apertura al infinito, con el impulso de nuestra trascendencia; es algo que
está enraizado en lo más profundo de la vida humana, que es evolución intrínseca (a nivel biológico, psíquico,
intelectual y técnico, pero sobre todo a nivel simbólico y amoroso); pero eso en sí
mismo todavía no es el magis ignaciano.
Más aún,
estos impulsos tienen que ser analizados.
Pueden tener un carácter egoísta o
pueden ser, también, apertura trascendente. Como dice Decloux:
“La
experiencia del “más,” dinamismo de la vida, se caracteriza en el plano humano por su carácter insaciable, su capacidad para detectar y afrontar
desafíos y la necesidad de describir su medida real y razonable”.
Sin embargo, el
ser humano –afirma el autor- está habitado muchas veces por el deseo- en negativo- que
puede inscribirse únicamente en la “necesidad”, pervirtiéndose de ese modo; y es que el “más” se degrada cuando repliega a
la persona sobre sí misma.
Este
impulso no sería nido del magis. Pero el deseo – en positivo-, las vivencias pulsionales que nos
invitan a dirigirnos a quienes nos rodean; a ser alguien para las demás
personas, y buscar siempre lo que nos
trasciende; de ir “más allá”, es el humus donde podrá surgir el magis. De ahí que a la
persona le toca decidir lo que hará del deseo de infinito que le habita para no dejarse cerrar sobre reivindicaciones
desordenadas del “yo”.
Sólo el deseo infinito de Dios
puede revelar al hombre el verdadero “más”, que no le permite instalarse
en la mediocridad de su vida, sino que lo
lanza a combatir por su autenticidad.
Y es que la
gracia de Dios invita a la persona a realizar grandes cosas, -aprovechando esos
impulsos humanos- pero muchas veces acontece que lo que se
exalta es el amor propio.
De ahí que haya que discernir
constantemente la dirección que se le puede dar al impulso netamente humano.
Por otra parte, podríamos confundir este
magis con lo que en nuestra cultura
del trabajo y del sistema económico se alaba como la mayor eficacia, como el “producto de calidad”, como la “calidad total”, etc.
Todos esos
“slogans” pueden responder a buenos fines y a
metas loables. Los empresarios modernos
gastan considerables cantidades de dinero en capacitar a su gente en esta
“calidad total”. Pero, eso no es el magis ignaciano.
Aunque en los
términos pudiera haber una
cierta coincidencia (lo mejor), la motivación de fondo es otra: en el magis habrá un ingrediente fundamental, la gracia de ser colocada la
persona en el seguimiento de Jesús, para cambiarle el rostro al mundo,
mientras que, en el otro dinamismo, hay un centramiento en lo individual con logros obtenidos por
propia voluntad.
Más aún, si
se pudiera medir en parámetros a uno y a otro, el
objetivo sería también distinto: uno tendría que ver preponderantemente con la autorrealización
personal y el magis, en cambio,
con el hecho de que la persona se experimenta colocada en el dinamismo
del Reino de Dios; de ayudar a generar un mundo más humano. Esto es
lo que entraremos a considerar. Es decir, lo que queremos resaltar es que
el origen del magis es distinto, su
meta es diferente y sobre todo la motivación es radicalmente diversa. Aquí convendría también hacer alusión a la palabra
latina que Ignacio escogió para
hablar de lo que en castellano traducimos como el “más”, “lo mejor” y
lo “mayor”; seleccionó la palabra magis y no “plus” que también podría querer decir lo mismo si lo vemos de una manera superficial.
Plus, sin embargo, es algo “añadido”, es todo lo que
está encima de lo que podríamos llegar a ser . El plus se mueve,
según Vitón, en la dialéctica del “tener” –que nos hace creer que por lo que poseemos somos más de lo que somos- y del
“aparecer”; de la imagen, que es auto engañante y engañadora de
raíz. El magis en cambio, se
mueve en la dialéctica integradora del “ser” y del “hacer”.
Cuando actúo
por el magis, el hacer me
convierte en alguien más auténtico a nivel humano y cristiano, puesto
que lo mejor mío y la gracia están en juego. Otro
gran peligro de estas “excelencias” como meta, es que se puede fomentar
un tipo de súper- ego narcisista, de normatividad y de compulsión que colocaría a la persona en situaciones peligrosas
(no proveer el descanso, generar
sobre cargas laborales, etc.) y de una extrema competitividad entre los mismos
miembros de grupos de trabajo, que no es ambiente propicio de lo cristiano,
porque se valora lo que se tiene y no el hecho de ser hijas o hijos
del mismo Padre-Madre. Con mucha
frecuencia, sin embargo, estas excelencias son “bautizadas” con palabras
evangélicas o con tintes místicos, pero no son el magis ignaciano. Ignacio mismo, en el comienzo de su conversión
tuvo experiencias de exageraciones, de fervores indiscretos y de compulsiones, motivado todo
ello no de puro amor a Dios sino de todos esos lastres humanos que necesitamos depurar. De
allí que él convide a discernir aun las cosas que parecen buenas y santas. Fue en la experiencia personal, a solas y en clima
de desierto que él realizara
en Manresa, donde comenzó a darse cuenta de lo que sería el
magis, palabra clave y plataforma común de
lo jesuítico y lo ignaciano. Allí nos juntamos
todos y todas. De allí que buscar el magis supone el dinamismo del “tanto cuanto” del
Principio y Fundamento de los Ejercicios. La escogencia no está en procurar mayor cantidad o calidad de
cosas, sino encontrar el “para qué” de esa búsqueda: el Reino, y el
modo: a la manera de Jesús. De alguna
manera, el magis de Ignacio nació
de la vivencia de Dios que tuvo en Manresa, donde acuñó la idea de los
Ejercicios Espirituales. Por eso diríamos que quien no ha tenido la
experiencia de Ejercicios no está en la mejor preparación para captar en profundidad el magis. Pero también para poder comprender por
lo menos, lo que se entiende por magis hay que ubicarlo en una explicación
somera de lo que son los Ejercicios y sus dinámicas.
De allí que nos detengamos a hacer esta presentación, que puede ser incentivo a
realizarla experiencia de los Ejercicios Espirituales.
2. Los Ejercicios Espirituales cuna
del magis.
2.1 Rasgos de la
genialidad de los Ejercicios de Ignacio.
Obviamente que
la vida de Ignacio, lo más relevante suyo, se plasmó en su Autobiografía. Allí
hay una serie de referencias al magis, pero sobre todo, como ya se ha indicado un poco, a la depuración que
fue sufriendo ese magis : Pasar de cosas exageradas, de fervores
indiscretos, al seguimiento de Jesús, como
gracia. Por tanto, el proceso personal de Ignacio en el descubrimiento del
magis , pasa por lo que él consignó en su Autobiografía, y luego plasmó en
los Ejercicios (EE.). El magis
se encarnó, después, magistralmente en las
Constituciones (Cons.) para aplicarlo
a la Compañía. La labor de las personas que tienen el carisma ignaciano consistirá, por tanto, en querer buscar
las aplicaciones más adecuadas en el entorno pertinente. Con todo, la
genialidad de los Ejercicios –respecto a ese
magis - reside, en que Ignacio
logró convertir en método la gracia que él recibió: es decir, cómo vivir el seguimiento de Jesús desde una manera concreta y siempre discernida.
Por esta razón nos explayaremos más en la fuerza de losEjercicios, porque son los que nos disponen
metodológicamente al magis.
En la autobiografía tenemos descripciones de ese
magis ,lo mismo en las Constituciones, pero en los Ejercicios se nos abre
un camino a recorrer para recibir la gracia. Esta gracia es el regalo de entrelazar lo mejor de nuestros hondos deseos
con el deseo de Dios, siempre mayor. Cuando esos deseos se armonizan y se formulan, se da elmagis . Cuando éste hace matriz de las acciones
–personales o colectivas- se convierte en carisma ; y, es allí cuando se debe “in-corporar” en estructuras (institucionalización del
carisma). Esa es la agudeza de los Ejercicios, que se establezca el profundo diálogo
de deseos: de la humanidad con los
de Dios, para generar una realidad nueva; y que esto se plasme y se vuelva
método, que el Evangelio se vuelva espiritualidad, pero no porque se aprende allí teología, sino
porque propone una metodología para encontrar la espiritualidad, una espiritualidad del
magis: Espiritualidad de los grandes deseos
armonizados –entre Dios y las criaturas-, capaces de generar una síntesis
cada vez mayor y más nueva.
Uno de los
frutos de los Ejercicios es recibir la gracia de pedir ser puestos con el Hijo
(Aut. 96), como “fruto granado”, y que la persona esté dispuesta a en todo amar y servir, de la manera “más”
eficaz: es decir, prosiguiendo el camino de Jesús: en
la altísima meta de ser iconos de la alegre misericordia
de Dios y del poder realizar en su nombre y por su gracia obras aún
mayores que las que El mismo hizo (Jn 14,12). Esta es la gracia de captar la fuerza
del magis, que lleva a convertirse en carisma y a engendrar estructuras de
servicio. Metodología, etimológicamente, significa tratado para hacer camino...
Esto significa que Ignacio plasmó
su experiencia de gracia en un tratado
para encontrar el camino de amar y seguir a Jesús, de la mejor
manera (magis ). Por esto, en los Ejercicios todo lleva una
finalidad, nada se desperdicia, se vuelven escuela de vida, escuela de
oración. Es un método de conversión que modifica el inconsciente e invierte el patrón de
comportamiento: entro a Ejercicios como
me comportaba en la vida, y luego me puedo comportar en la vida como me
comporté en Ejercicios.
Por otra
parte, esta metodología hace que la vivencia del
Evangelio desde una perspectiva concreta -experimentar el amorque redime, la pasión por la persona de Jesús, y la centralidad del Reino
hasta las últimas consecuencias-
se convierta en espiritualidad pujante. De aquí brotará
el magis como resumen concentrado. La
genialidad de los Ejercicios reside también en que, a fuerza de ir examinando
-en ese laboratorio espiritual que premeditadamente son-,
se van detectando los pasos fundamentales por donde Dios nos lleva –“la
consigna”-, su modo para con cada
persona. Es precisamente en el descubrimiento de la consigna por donde más
puedo ser llevado a realizar las obras en que Dios me pide que me
empeñe.
La
consigna es el medio más eficaz hacia el magis.
Es también
genial en los Ejercicios la captación que hacen de toda la persona: toman los aspectos más racionales y volitivos
–toda nuestra parte masculina-
pero en los temas más trascendentales nos hace contemplar, es decir, desde la experiencia de meter el cuerpo, de
dejarse llevar, de la pasividad
–toda nuestra parte femenina. Siempre con el referente principal del
cuerpo, no tanto porque así lo explicite, sino porque en la práctica nos lo hace
participar todo entero. La aplicación de sentidos es el nivel más alto de la relevancia del cuerpo en la vida espiritual.
La
participación del cuerpo, por otra parte, es lo que cuida de modo
muy detallista con las adiciones.
Todo esto nos lleva
a verificar otra gran genialidad: nos enseñan que a partir del cuerpo, lo más importante es sentir –más
que racionalizar-...porque no el mucho saber harta y satisface… sino dde
gustar de las cosas internamente.
En los Ejercicios, “experimentar” es fundamental,
determinante. Cuatro verbos ejes son cruciales en
el camino de experimentaren los Ejercicios: “sentir” –dejar que mi sensibilidad
vibre de la misma manera que vibra la de Jesús-, “hacer” -hacer con Jesús y como
Él, en el horizonte de que venga el Reino- “padecer” -consecuencia lógica
de pretender el Reino a la manera
de Jesús, frente al poder de este mundo que lo ahoga-.
Por otra
parte, añadimos nosotros, el “alegrarse” de la
resurrección del amigo, donde se experimenta
que por vez primera se ha hecho justicia con el Justo aplastado por los
injustos del mundo, y además, que en la resurrección de Jesús se nos da el “Sí”
a todas las inquietudes humanas, como dice Pablo (2Cor. 1,19-20).Otra
genialidad ignaciana es que su espiritualidad no se vive al margen de las cosas del mundo.
La palabra clave –para
Ignacio- no
es renuncia sino discernimiento. Qué cosas o elementos del mundo se
deben tomar para realizar mejor la misión.
2.2 Manejo de los aspectos personales de quien hace Ejercicios.
Para que sea posible realizar los
Ejercicios, y sobre todo, para que estos alcancen el fin que se pretende, es
necesario que las personas que se acercan a ellos tengan lo que Ignacio llama
subiecto, es decir, personalidad con
capacidades y disposiciones para las
grandes empresas. No sólo se trata de tener o no cualidades, puesto
que Francisco Javier y Pedro Fabro las tenían, sino además ser capaz de maduración, de curación de heridas, de gran desarrollo de deseos concertados y armonizados,
de densidad y armonía personal, de
aprender a vivir del propio pozo –diríamos
nosotros-. De ahí que se sugiera un taller de crecimiento personal y
un taller de discernimiento de espíritus, previos a los Ejercicios
Espirituales, como el modelo más deseado.
Todo lo cual
indica que el aspirar
al magis supone mucho trabajo previo en varias dimensiones.
Depurar los
deseos espurios en la búsqueda de los hondos deseos
personales. Pero, por otra parte, Ignacio da los Ejercicios a personas que
puedan ser agentes multiplicadores que
incidan en la historia. Es decir, personas de subiecto cristiano.
En nuestro
lenguaje, personas con una responsabilidad madura,
personas que tengan un compromiso probado con el dolor humano, con los grandes
interrogantes de la existencia, a quienes el magis no les suena como extraño. No
se debiera hacer la experiencia de Ejercicios sin haber tenido una experiencia
con personas pobres –empobrecidas y desahuciadas- y pecadoras. Esto significa que la experiencia de los
Ejercicios debe estar acompañada de una experiencia que conlleve un reto en lo
humano, en lo histórico. Si no, no se capta la relevancia que puede tener
el magis.
No hay que
olvidar que el magis es el diálogo
entre mis hondos deseos, con lo que más le concierne a Dios: ¡que la humanidad
sufre! Muchas veces los Ejercicios pierden su mordiente, precisamente porque no son acompañados o precedidos de una experiencia
de compartir con otros, por lo menos por espacios serios y
significativos, en el dolor de la humanidad, y en la injusticia y en el querer devolverle el rostro humano al mundo.
No obstante, esta experiencia de contacto serio con el dolor del mundo
–sobre todo para las personas laicas- no está determinada únicamente por un
tiempo largo de contacto con el sufrimiento de las mayorías, sino por un
encuentro significativo –por los efectos internos que ella produce- con esa
realidad; un encuentro que puede partir de un acontecimiento inesperado
o traumático, una experiencia casual pero
marcante, un diálogo profundo con alguien que ha compartido de cerca esa
realidad.
3. Engranaje metodológico de
los Ejercicios: cómo se gesta el Magis.
Como toda metodología, los
Ejercicios tienen una dinámica, una lógica que nos proponemos ahora examinar. No es obvio que se comience una experiencia de
espiritualidad a partir de “poner las cartas sobre la mesa” –Principio y
fundamento-, para luego pasar a trabajar sobre el pecado. Sin
embargo, así lo concibió Ignacio. El objetivo del Principio y Fundamento es, ciertamente, ganar la libertad,
ganar la indiferencia: “...por
lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas
creadas...” (EE 23).
Indiferencia entendida como
libertad frente a todo, especialmente frente a las grandes sombras de la vida: lla muerte, laenfermedad,
el dinero, el poder… Ignacio se experimentó profundamente libre cuando
superó el miedo a la muerte, encontrando en ella después, “tanta alegría y tanta consolación espiritual en haber de
morir, que se derretía todo en lágrimas” (Aut. 33). Esta libertad se convertirá
en experiencia fundante y generadora de una serie de actitudes, entre las qque se destaca
primordialmente el magis:
“solamente
deseando y eligiendo lo que más nos conduce para
el fin que somos criados” (EE. 23). Como dice Rahner, la indiferencia está orientada a la elección de lo que
más conduce a nuestro fin. Es
una manera de depurar nuestros deseos. Y es que
la indiferencia es libertad para
decidir no ya según mis deseos únicamente sino en articulación con los de Dios;
de hecho el “tanto cuanto” debe ser convertido en buscar “lo que más conduce”.
Esto es otro ejemplo de la
dialéctica ignaciana.
Luego, la experiencia de Primera Semana es la del(a) pecador(a)perdonado(a). Acá
lo que se tiene que vivenciar es cómo ha estado entorpecido nuestro
“hacer”; es captar que, por causa de nuestro pecado, “se hace” llevara la muerte a Jesús… Hacerse consciente de ese
pecado, y hacerlo por medio de
comparaciones, es su gran estrategia; y todo para conducirnos a sentir hartazgo, aborrecimiento de nuestro patrón de
conducta negativo, y hacer caer en la cuenta de que a quien he ofendido
en todas mis víctimas, es al mismo Señor. Esta
experiencia es la que posibilita el diálogo propuesto por Ignacio:
“¿Qué he hecho
por Cristo, qué hago por Cristo, qué debo hacer por Cristo?”(EE 53).
Aquí nos encontramos con
que el sentir se convierte en un que hacer, ¡en una
tarea!. Es decir, la experiencia fundamental de la primera semana
es la del(a) pecador(a) perdonado(a) a
quien el
perdón se le convierte en misión, pues
no es a pesar de ser pecadores(as), sino precisamente por ello (1 Cor. 1,25 ss)
por lo que se nos invita a seguir a Jesús, para ser puestos(as) con Él, en
la tarea de construir el Reino. He aquí el origen biográfico del magis.
Brota del percatarme que mis turbios deseos han provocado la crucifixión depersonas,
pero que no he quedado en mi pecado, sino que he
sido rehabilitado ala misión de descrucificarlas. A continuación, se
tiene la experiencia de la contemplación del Reino, como apertura de la Segunda Semana, que introduce de lleno a una
modalidad específica del hacer: Es hacerlo todo al modo de Jesús. Y así
colaborar en la búsqueda de ese Reino. Un hacer que es también “dejarse
hacer”, dejarse afectar –ser puesto(a), ser elegido(a)-, dejar actuar al
Espíritu (la gracia).En
la Segunda Semana se comienza prosiguiendo el diálogo
con el Señor que invita a realizar el Reino como tarea de ese
perdón. Aunque no es obvio hacerlo,
Ignacio lo propone fomentando la emulación de grandes hazañas históricas, incentivo ya cristiano del
magis , sobre todo de los santos: “Si
San Francisco hizo esto, yo lo tengo de hacer” (Aut. 1,7). Después, la
contemplación de la Encarnación nos va a hacer sentir lo que experimenta
la Trinidad, viendo con ella, para luego percatarnos de la extrema solidaridad
suya al formular la frase de hagamos redención del género humano (EE 107).
La
contemplación del nacimiento nos invita a ello también: nos hace nacer con Cristo, para luego irlo acompañando por todos los principales
sucesos de su vida pública. Los Ejercicios hacen que nos percatemos de que
“el mejor” modo de hacer el Reino, de llevar
adelante su Misión es aprender a conocer a Cristo para más amarle y seguirle, pero
reproduciendo su vida en la propia vida. Esto
es el corazón del magis.
El seguimiento
es algo de enamorados; no es una mentalización. Por otra parte, la
contemplación de toda la vida oculta es un camino
para aprender a sentir y proceder al modo de Jesús. El método de la contemplación
nos invita a tener sus mismos sentimientos y su mismo modo de proceder. Es un
modelaje del magis.
Se nos invita a desear
lo sencillo, lo pobre y las causas de Dios. Mediada esta semana, presentan los Ejercicios un trabajo que afina la claridad
racional del seguimiento, en dos alternativas incompatibles: el Reino o el No- Reino (Banderas), descubre la fuerza de la
voluntad postulando la consideración
de “Binarios”; por último, hace la
prueba de la fuerza de la amistad y los extremos que ésta produce en la tercera
manera de amistad (humildad). Es
lo que se llama “jornada ignaciana” -Banderas, Binarios, Tres Maneras de amistad. Esta jornada
ignaciana, nos hace experimentar la comprensión más profunda de los deseos y su
dinamismo. Primero, a desear, por lo menos desear (Cons. 102), esto
sería el nivel de Principio y Fundamento. Segundo,
de una forma más simple –quizás en el ofrecimiento del Reino-deseando de todo corazón, con determinación
deliberada (EE.98). Para, en tercer
lugar, aprender que la clave está en desear ser puestos(as) con el Hijo (Aut. 96, EE. 147), abierto a la obra divina:
“según que Dios Nuestro Señor le ponga en voluntad” (EE 155). Aquí
radica el motor que enciende el movimiento del magis, que como hemos visto, se
da en clima de diálogo. Experimentar la
pasión es la invitación por excelencia a la solidaridad como consecuencia del
amor. Se nos invita a hacer y padecer: qué debo yo hacer y
padecer por él (EE 197).
Por tanto, la
Tercera Semana no es simplemente proseguir la vida de
Jesús hasta su pasión y muerte; sino también, hacer conciencia de que todavía
la muerte de Jesús se da en la humanidad que sufre actualmente (EE. 195), por
una parte, y que, además, el pecado personal –que
siempre tiene repercusión histórico-social- mi pecado, nuestro pecado, tiene
íntima conexión con esta muerte del mundo. Muerte que es tal en Jesús
que se esconde, se obscurece totalmente su divinidad. La vivencia del magis
Se templa y se comprende como anonadamiento.
Finalmente, la resurrección –cuarta semana
es experimentar la esperanza
y la alegría de la nueva vida de Jesús:...queriéndome
afectar y alegrar de tanto gozo y alegría de Cristo nuestro
Señor (EE 221). Allí lo que ayuda a experimentar es la alegría por el triunfo
del amigo, del compañero querido, al experimentarlo en su oficio de
consolador. La cuarta Semana, es la más delicada. Supone haber
vivenciado no sólo la muerte individual, sino cómo Cristo padece en la humanidad (EE. 195). Sin esta perspectiva no se
llega a la experiencia de la
Resurrección, que por esencia es un fenómeno colectivo: es aprender a hacer esperanza en
nosotros(as) y en los(as) demás, sabiendo también, que es gracia para
pedir. La esperanza en la resurrección apuntala el magis; es el horizonte último de su
posibilidad, es lo que le da vida. La resurrección es el Sí del Padre a los hondos
deseos de la humanidad (2 Cor. 1,19-20).Culminan los Ejercicios con la
Contemplación para Alcanzar Amor, que es la
gran síntesis de todo. Es experimentar que es el amor lo que debe regir, y
también que el amor se expresa concretándolo en
acciones. Esta contemplación deja la
clave de la relación con Dios: de amante a amado, de amado a amante (EE
231). La Contemplación para alcanzar amor es como el cierre agradecido de tantos beneficios recibidos, es como quien sólo
encuentra en toda la creación los cariños tiernos de la
Trinidad. Enseña a ver toda la creación como algo elocuente. Aquí los Ejercicios hacen que
experimentemos eso que el mismo Ignacio repetía frecuentemente en
la vida cotidiana cuando contemplaba las flores:
Callad, callad, que ya sé de quién
me habláis.
De tanto bien recibido no brota
otra cosa que el magis: en todo
amar y servir
(EE. 233).En síntesis, siguiendo la experiencia de los Ejercicios, encontraremos personas
que se han formado en una escuela fundamental que abre al sentir profundo, al
hacer como tarea recibida, como don, y a ser capaz de padecer por ese Jesús encontrado en el sufrimiento de la
humanidad (EE 195), para vivenciar
también su gloria en el contexto del Reino en donde
lo del servicio alas personas más necesitadas, a las empobrecidas, a las
desahuciadas, y a las pecadoras, se hace crucial.
Esto resume y concreta el magis.
Esta detallada
exposición se justifica en cuanto los Ejercicios son la cuna de esta frase que queremos no sólo comprender sino experimentar y vivir.
4. Lo que significa entonces el magis.
Una
vez revisado lo que son los Ejercicios Espirituales –por
lo menos en el ámbito teórico- podemos entender que el querer hacer “más”
por Dios y su causa, brota de puntos cruciales del proceso
de Ejercicios. Comienza a surgir este
impulso desde el Principio y fundamento donde quien hace ejercicios, integrando
sus sombras (muerte, salud, riqueza, poder) suelta sus deseos para verificar cómo se entremezclan con los grandes
deseos de Dios (Is. 58).Luego, en la vivencia del pecado perdonado, ya
se establecen coordenadas de la acción e
interpelaciones de la acción: ¿qué
he hecho por Cristo, qué estoy haciendo, qué debo hacer?
El perdón se traduce óptimamente
por realizar una tarea; la más delicada: “
cuida de los
débiles”, esto es ya el magis, y está ya presente la persecución: “Te llevarán a donde no quieras
(Jn, 21,15ss.). En la meditación
del Reino, quien hace ejercicios expresa en un ofrecimiento sus deseos, su voluntad de hacer algo por construir el
Reino y trabajar, más y mejor, por quienes sufren. Allí se provoca hacer
ofrecimientos de mayor trascendencia y compromiso.
Esto es un
rasgo esencial del magis.
En Dos Banderas se comienza a gestar lo que debe entenderse
por el magis, pero, sobre
todo, la motivación principal: se pide ser puesto –no ponerse por propia iniciativa-
bajo la bandera del Reino de Jesús, para ir haciéndolo viable con obras
de envergadura histórica, pero con la capacidad de
poder atender también los Nazaret de la existencia.
Esto son concreciones del
magis .
Con todo, sólo es hasta la meditación de Tres
Maneras de Amistad, donde se establece la dirección correcta de
lo que es el magis: es que la persona quiera ser puesta -por principio- en las situaciones más difíciles, donde
se juega más la amistad con el Señor y su gloria, pero nunca por voluntarismo sino por muchísimo amor, como gracia recibida de
Dios.
El ejemplo de la actitud de la esposa-madre no judía en la película “La vida es bella ”
de padecerlo mismo que su esposo e hijo judíos, plasma
bellísimamente esta actitud. Dentro de
este contexto de tercera semana, estaría un dinamismo típicamente
ignaciano y de honda tradición sobre todo en la iglesia de oriente, de los
“locos por Cristo”. El P. Kolvenbach ha resaltado este aspecto
de manera muy profunda. Él establece
cómo el camino hacia el magis, es
siempre el camino hacia el minus¸ hacia lo que es menos.
Es en la
impotencia de la Kenosis que se nos
revela la gloria del omnipotente.
Como dice claramente el autor, no es posible ser compañero de Jesús, sin
compartir su locura; el cariño
a Jesús nos hace “desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo, que
primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo” (EE
167). Por eso hay que saber integrar y discernir muy bien entre
los polos de fecundidad apostólica, por una parte, y la locura por Cristo, por
otra. Como dice el Padre General, “no todo loco es loco por
Cristo”. El mismo Ignacio cuida de prohibir lo que él llamaba “las
santas locuras” de sus compañeros. Ahora
bien, no sólo son locos por Cristo los mártires y los estilitas, sino
-originalidad ignaciana- también los crucificados de la vida ordinaria, de las tareas y sufrimientos de todos los días, que irradian
sin saberlo demasiado, a través de las
palabras, los gestos, los silencios, los sí
es y los no es de la vulgaridad, el amor al
Crucificado, y que son considerados,
por su sola presencia y por su modo de comprometerse, locos por Cristo en una sociedad
abrumadoramente hostil, indiferente o
cínica respecto a todos los que viven por un reino que no es de
este mundo.
El sentido de esta locura nos
coloca en experiencias que pueden ser concretasen la vida cotidiana de la mayoría silenciosa del pueblo de Dios y, al
mismo tiempo...... impulsa la
urgencia amorosa de denunciar una injusticia social mediante una huelga
de hambre, de transgredir lo que parece una costumbre establecida, para dar lo
mejor a los pobres, de hacer gestos
proféticos como los santos locos del oriente cristiano, para desenmascarar
los compromisos anti-evangélicos del pueblo de Dios, de identificarse con los marginados a ejemplo de tantos santos, de aceptar,
incluso en silencio un destierro como resultado de una falsa denuncia o de una
total incomprensión, de encajar el ser ridiculizado, de ser “fichado” por haber hecho lo que él cree que debe hacer en nombre de
su Señor, de asumir torturas y cárceles… Situaciones no raras
en nuestros mismos días.
Ignacio ya lo aseguraba a los compañeros: No temáis la empresa grande, mirando vuestras fuerzas
pequeñas, pues toda nuestra suficiencia ha
de venir del que para esta obra os llama y os ha de dar lo que para su servicio
es necesario (Cartas, 7, 313-314). En conclusión, la experiencia del magis es pues recibir, como gracia, el deseo de que Dios nos coloque en las obras de
mayor gloria suya, de más trascendencia: obras que vertebren la
historia.
Y estar
en la disposición de sufrir las consecuencias de incomprensión,
persecución y aun la muerte por ello.
Y es que la gloria divina se manifiesta en la renuncia a la gloria humana.
La máxima
gloria de Dios es que la humanidad viva y viva en abundancia. Pero esto no se realiza sin su cuota de cruz. Es en esta experiencia de la cruz
donde se acrisola la misión superando todas
las pretensiones de llevar adelante “nuestras” misiones con minúscula. Ya en la práctica el “modo” como se puede realizar
este magis
lo presenta una fórmula
que ha traducido siempre muy correctamente la manera de Ignacio
respecto al magis: “hacerlo todo como
si dependiera de nosotros, sabiendo que en definitiva, depende de Dios”.
Si no se capta así, el magis se
le va a confundir con cualquier motivación meramente humana de superación o de “calidad total”, fruto de “deberías”
y/o de compulsiones. El verdadero sentido del magis
“no está
simplemente en esforzarse para hacer más, sino para estar más dispuestos a recibir día tras día, mayores
gracias y dones espirituales (Cons. 282), que tienen en el seguimiento de Jesús sus
coordenadas.
El magis, como dice Courel, es
criterio de discernimiento, pero sobre todo un clima espiritual constante.
Ahora bien,
este magis tiene
un doble aspecto. Por una parte es una empresa externa, y en este sentido está vinculado a la misión; pero apunta principalmente a la interiorización de la victoria ssobre los enemigos encarnizados,
la sensualidad y el amor carnal y mundano.
Este cambio interior
profundo es lo que en realidad posibilita
estar abierto a la gracia que nos coloca haciendo las obras que hizo
Jesús y aún mayores (Jn 14,12).
5. El magis en el contexto
evangélico.
Hasta ahora
hemos ido desentrañando la palabra magis en el contexto ignaciano y jesuítico. Sin embargo, ¿dónde está su raigambre claramente
evangélica? Es obvio que en la
invitación máxima que hace Jesús a ser “como Dios”, pero no en el poder sino en la alegre
misericordia, como la de Dios:“Sean
misericordiosos, como mi Padre es misericordioso” (Lc. 6,36). Y no sólo en
la invitación, sino en la persuasión que nos da Jesús de que quien cree en él hará obras más grandes que las que él mismo
realizó (Jn. 14,12). En palabras de Ignacio: Y no dudo de aquella
suma Bondad suya, sumamente comunicativa de sus
bienes y de aquel eterno amor con que quiere darnos nuestra perfección,
mucho más que nosotros recibirla, que lo hará; que si así no fuese no nos animaría Jesucristo a lo que de
solo su manopodemos haber, diciendo: Sed, pues, vosotros perfectos, como
vuestro Padre celestial es perfecto (Cartas 1, 495-510).Por otra parte, como bien dice Arzubialde, el telón de fondo del más ignaciano
es precisamente la imagen de Dios, totalmente Otro y trascendente, en su amor, radicalmente desemejante de los
pensamientos que el hombre se pueda forjar acerca de él.
Todo esto hace eco de las palabras
de Isaías: “mis caminos no son sus caminos”
(Is. 55,8). Es la experiencia del “Deus Semper maior”, –“Dios siempre
mayor”- que acuñara San Agustín, la que invita a que la
búsqueda humana de infinitud, tenga realmente un horizonte siempreinabarcable
que la provoque. Ahora bien, aunque algo nos
parezca “lo mayor” o “lo mejor” hay que discernirlo.
Hay que tener
claro que lo que provoca la
moción no es un movimiento del yo hacia el mundo para transformarlo
aunque sea de la manera más evangélica y comprometida de las posibles,
sino primeramente, una manera de
conocerlo y de sentirlo de manera más veraz, esto es, más como Jesús .
De ahí, pues que siempre debemos
fijarnos si esta invitación que sentimos en el corazón, o como exigencia de la historia, nos lleva, al modo de
Dios, a la imagen del Dios que nos regaló Jesús; El Dios de la alegre
misericordia, el Dios del amor incondicional, el Dios gratuito, el Dios del
Reino, el Dios que no exige otro requisito sino el reconocernos pobres y/o
pecadores, el Dios que apuesta por nuestra libertad siempre, el Dios pascual:
que nos enseña que si el grano de trigo no
muere no da fruto. El Dios que se “entierra” –porque pone vida en la Tierra
y aquí se introduce- y que se encarna. El Dios de
la esperanza… Pero por otra parte cuando algo es de Dios nos lleva a
los cuatro pedestales de la mesa del banquete del Reino: Primero, a las obras de solidaridad humana (Mt.
25,31.ss). Segundo, a la alegre
Misericordia (Lc 6.36), a ser misericordiosos y a experimentar a Dios
como misericordia fundamental. Tercero, a aguantar la incomprensión o persecución que se provoca por hacer la justicia
solidaria y realizar la misericordia. Esto que hemos identificado con la
“locura de la cruz”. Y cuarto, a no
descuidar a nuestras mismas personas en atendernos
ennuestras necesidades: nuestra hambre, nuestra desnudez, nuestrasprisiones
internas.
Esto nos recuerda que tenemos que evitar en el análisis de lo del
magis ,cualquier fervor indiscreto, cualquier compulsión, cualquier género decompetitividad, puesto que se puede
confundir con lo que realmente es el magis evangélico e ignaciano, que
se vuelve criterio- eje de discernimiento personal e histórico.
Pero el máximo contexto del magis en el Evangelio es el que podemos llegar
a realizar obras mayores que las que hizo el mismo Jesús, si es
que lo pedimos en su nombre (Jn. 14,12). Aquí radica una cierta
osadía del cristiano. Se actúa por la
fe en Él y por la esperanza que nos ha regalado, en la colaboración a la búsqueda
del Reino. La consecuencia de una tal
postura es, como nos lo indican las mismas palabras de Jesús, estar dispuestos a tomar la locura de la cruz (Mc.
8,38), yaceptar sus secuelas históricas como también la reivindicación en laresurrección -regalo
amoroso de Dios- .
6. Un ejemplo de concreción del magis en la Misión de
la Compañía.
Hemos dicho que lo ignaciano es más
amplio que lo jesuítico. Ambas cosas las
concretó Ignacio en modelos y metodologías pertinentes. El magis es
aplicable por tanto a los dos modos de ser y actuar (ignaciano y jesuítico).
Las Constituciones, son la in-corporación,
la toma de cuerpo del carisma que se hace institución. De hecho sus diez partes
describen el paso paulatino de un miembro
hasta su total incardinación y el modo como debe generarse y mantenerse la Compañía.
Además allí
Ignacio articula en torno a la palabra magis , unas coordenadas significativas. Por una parte la “mayor gloria
divina ”por otra, “el bien más universal” (Cons. 611.3, 622.1, 774.4). En ese
marco se realizan siempre las concretizaciones del magis .
Pero por otra parte, diseñó
traducciones muy específicas de ese magis, en
los criterios y principios apostólicos, de lo que comprendió como Misión de los
jesuitas: una misión que se capta desde el dolor del sufrimiento
en que se encuentra la humanidad; es una misión que brota del mismo grito
del éxodo (Ex.3,7) que Ignacio consignara
en la voz trinitaria de “hagamos redención del género
humano” (EE. 107), pero que se
encuentra en muchos lugares de sus escritos
reveladores de la preocupación por un establecimiento del Reino que sufre
violencia (Mt. 11-12).La Misión, para
Ignacio es la experiencia de recibir
una Tarea ya sea departe del
Papa, de los superiores o encontrada por los propios jesuitas
(Const.603) el encargo como cuerpo, del bien de las mayorías –el bien más
universal, del que padece más necesidad (Const. 622), atendiéndolo de una manera estructural –
principio de vicariedad
( de hacer lo que otros todavía no pueden o no quieren hacer), de agentes multiplicadores, de mayor contundencia histórica (Const. 622 y 623)- ,con la mayor eficacia- desde el magis ; desde el mayor servicio (Const.132, 508), al modo de Jesús - pobre y humilde
(EE. 116), solidario y misericordioso (EE. 224), constituyéndose así en la mejor manera de dar la Gloria a Dios, “que mucho
padece” (Cartas, 354-359),
porque sufre mucho en la vida de
los pobres que son su gloria”.
Sin embargo, es importante hacer
notar que un criterio apostólico que se impone
en la actualidad es el de acuerpar
los esfuerzos de quienes tienen buena voluntad y apuestan por
cambiarle el rostro al mundo, que contrasta con un proceder un tanto separatista y protagonista de un modo de actuar no
extraño en los miembros de la Compañía de Jesús, y muchas veces de las personas laicas que colaboran con nosotros. Esto
implica no pretender, por principio, “inventar obras”, por mejores que
parezcan, sino apoyar lo que ya se está
haciendo en pro del Reino. Este criterio nuevo debe combinarse con el tradicional
principio de vicariedad. El principio se aplicaría, entonces en apoyarlo mejor
que otras personas o instituciones ya están realizando en beneficio de un cambio del rostro del mundo, haciendo allí lo que otros no quieren, o no pueden hacer. Sin olvidar que un
criterio muy práctico de que se está realizando todo este movimiento de cariño
y de misión, es el de la contrariedad y persecuciones que de
ello provienen. Eran éstas las que, se cuenta,
pedía Ignacio para la Compañía;
era la falta de ellas las que extrañaba San Francisco Xavier en Portugal:
Maestro
Francisco se queja de que no haya persecución, pero se consuela pensando que las tendrá en la India, porque
vivir mucho tiempo sin ellas no es militar fielmente.
Con estos criterios apostólicos se pueden encontrar coincidencias,
parámetros y posibles aplicaciones específicas en los
diversos universos en que cada cual se
mueve. De hecho, la Conferencia de Provinciales jesuitas de América
Latina (Cpal) en un reciente documento sobre el Principio y Horizonte de
nuestra misión, declara:“En los Ejercicios Espirituales hemos aprendido que el
Señor nos llama al “magis”: alienta y asume nuestras expectativas, deseos y sueños másprofundos
para incorporarlos a la novedad de Dios en la historia y abrirnos siempre a la sorpresa de sus propuestas. Sentimos
que esa novedad nos impulsa a vivir
con radicalidad y en plenitud la dimensión universal de nuestra
vocación”.
7. A manera de conclusión. Un momento de oración
reflexiva.
Estoy claro, Señor, que el magis
nace de un impulso natural que tiene su origen en la capacidad humana de
trascenderse a uno mismo: esa sed inagotable de saber, de preguntarnos, de cuestionarnos, de buscar, de
no quedarnos con lo conocido, de
enamorarnos, de maravillarnos ante la vida; del abrirnos al misterio. Es algo
atractivo y desafiante experimentar el impulso vital. Pero ese impulso bueno puede, no obstante,
degradarse -me ha costado entenderlo-; puede replegarse en mi yo
pequeño; puede claudicar a sus mismos horizontes, circunscribiéndome a las
esferas egocéntricas y egolátricas. Más aún, ese impulso puede llevarme a
acciones destructivas, a falsos mesianismos,al servicio de intereses miopes. Este impulso puede alimentarse falsamente en la
búsqueda de la imagen y del tener. Cómo atrae todo eso: de ahí que podría
confundir el magis con la excelencia
o la “calidad total”, que muchas veces me mueve, porque gana público,
porque me hace quedar bien, me da renombre. Por eso, este impulso humano
de infinitud y de búsqueda debe estar sujeto siempre a un
discernimiento aun en el mismo nivel humano. Un criterio humano de
discernimiento respecto al magis es el de fijarme si lo
que se me potencia, es el ser que
se traduce en un quehacer por las grandes causas de la humanidad, más
que mi propia imagen narcisita. Allí está la clave. La búsqueda del magis me
implica un trabajo constante de crecimiento y de búsqueda de ayuda, de alguien
que acompañe mi caminar. Una de las traducciones más logradas de este
impulso netamente humano, es lo que Ignacio
llamaba los hondos –los santos- deseos. Necesito saberlos distinguir de
todo lo que me parece que quiero pero que aún no son parte de lo más íntimo
mío; no son expresión de mi ser, no son canción de mi manantial: es decir, mis compulsiones, mis
miedos, mis revanchas, mis mecanismos dedefensa…Estos hondos deseos tengo que saberlos dejar emerger, acariciarlos,
ponerlos en acción. Ignacio es un
pedagogo genial de los deseos. Me invita a dejar los sueltos, me enseña cómo se pueden fomentar aunque haya miedo:
primero a por lo menos desear desear,
hasta pasar a desear paladinamente, para
entender finalmente que lo que hay que desear son tus deseos, Señor; que lo que
tengo que pedir es que yo sea puesto bajo tu bandera, Jesús. Es la pasiva actividad, clave
de la espiritualidad cristiana. No nace pues de voluntarismos
o de mentalizaciones por loables que me parezcan. El
magis , se da cuando mi impulso humano trascendente es “tomado”, escaptado
por la gracia del Señor. Esto se me otorga cuando por gracia caigo en la cuenta de qué es lo que verdaderamente deseo,
en primer lugar, y en un segundo lugar, que esos deseos encajan en los
grandes deseos tuyos para con la humanidad, que están
descritos tan sencillamente en el texto de Isaías (Is.58);
lo que no te gusta y lo que sí te agrada…De allí que el magis no es tanto
un superlativo sino un comparativo. Parte de mi
propia experiencia y del lugar de conversión por donde todavía estoy y melanza
a comparar lo mío actual con mi llamado interno más profundo de futuro; me
hace ser Pigmaleón de mi propio proceso. Enseguida, el
magis me compara con los
deseos del Dios el siempre mayor en todo, como decía Agustín, pero especialmente,
en su capacidad de hacerse el menor y de querernos a lo loco. Es difícil captar
que lo máximo es
poderse simplemente estar con lo que es menos, según el mundo. También me convida el
magis
a ser loco en
la misericordia, -lo que cuesta
mucho- porque lo que me brota es querer que se realice la
justicia humana; me convida a realizar obras aun mayores que las que hicieras tú mismo Jesús,
pero por gracia que
condimenta y aprovecha mi humano impulso. Esto es el fundamento
profundamente evangélico del magis .
Pero aun en el
nivel cristiano, también estos impulsos pueden degradarse; pueden mistificarse, pueden convertirse en una quimera. Yo lo sé por mi
propia experiencia, también lo entendió muy
bien Ignacio. De allí que también en el ámbito cristiano –y quizás más aquí
que en ninguna otra parte- el magis,
debe brotar de un discernimiento ya cristiano donde a lo
que me debe llevar el impulso es a la imagen del Dios de Jesús y a los
cuatro pedestales de la mesa del Banquete del Reino. Esto no puedo
olvidarlo porque entonces confundo todo. Ignacio fue víctima de esos
fervores que lo distraían, de esos fervores que lo quemaban en vez de con ellos
encender el mundo. La gran metodología de Ignacio son los
Ejercicios, pero el discernimiento es
el corazón de los Ejercicios. En pocas palabras discernir es entrar
en una danza de deseos: los míos con los tuyos para lograr una síntesis
que es algo inusitado, todavía no
dado, en vistas a la construcción del Reino. De ordinario no se
comprende así el discernimiento… Pero por esta razón los Ejercicios
son cuna y son camino para encontrarme con elmagis .
Si analizo
los puntos claves de los Ejercicios veo que el Principio yFundamento me hace que de entrada me acostumbre a alinearme en el huracán renovador de los deseos de Dios: “solamente
deseando y eligiendo lo que más conduce”,
pero esto es posible sólo porque ya he descubierto que eso es también mi deseo;
porque el Principio y Fundamento me ha ayudado con su instrumento y reflexión, a librarme –por lo menos
en deseo- de mis grandes sombras que frenan mi disponibilidad. El impulso de la primera semana es percatarme que
mis turbios deseos me han llevado a asesinar, o no defender la vida de mis
hermanos y hermanas –donde estás Tu Jesús-. Pero no me dejas empantanado allí en
esos turbios deseos; me rescatas de ellos por tu cariño y porque me das la salud
devolviéndome a la vida, -y muchas
veces, como a la jovencita de Ezequiel-,invitándome, eso sí, a que me dé cuenta que el perdón que me brindas se convierte en tarea de remediar el mal del mundo y
preocuparme de la gente pobre y pecadora, de los “más” débiles. En el umbral de la segunda semana, la
contemplación del Reino me invita a que
me anime a desear lisa y llanamente. Por eso me atreví a decir “que
yo quiero y deseo y es mi
determinación deliberada”. Pero luego educa mi deseo, comparándome con las
actitudes de otros, de gente “santa” pero sobre todo, comparándome con
el impulso de la Trinidad que contemplando el mal del mundo exclama: hagamos
redención del género humano. ¡Que oiga siempre ese grito y yo
también exclame a mi manera y opte como lo hiciste tú!
La jornada
ignaciana depura más sobre el magis.
Allí es
donde puedo encontrar todas las conexiones de las palabras más
claves que Ignacio maneja. Me hace que
evolucione sobre lo que se debe desear y cómo enfrentar esos deseos: Desear, en
definitiva, los deseos de Dios. Eso es lo único que hay que pedir. Pero no por voluntarismo ni por
“obligación” sino por una sintonía profunda que es posible únicamente
porque por la fe, tú Jesús ya habitas en mi corazón
y por eso no me quedan tan lejanos tus sueños. Esto es en lo que se resume
en los Binarios. Esto es lo que me coloca en la consigna: descubrir el
modo como siempre Dios me ha venido llevando. Pero
en las Maneras de Amistad es donde propiamente hablando, brota el magis.
El magis es la tercera manera de
amistad.
Primero y principalmente porque se trata de amistad y de cariño, sólo que
ya con tonos apasionados e ininteligibles.
Allí me convidas a que como la esposa de la película la Vida es Bella,
me arriesgue por Ti a las cosas que ante el mundo parecen locura. ¡No
es posible ser compañero tuyo sin compartir tu locura!
El magis es querer el modo loco de Dios, es amar locamente lo tuyo. La
locura del magis reside en que, frente a los valores de este mundo, opte por los
que siempre pierden; abanderar causas
de los vencidos no es ningún hecho digno de aplauso ni imitación. Pero
eso no se realiza haciendo cosas espectaculares sino, la mayoría de las veces, cosas insignificantes. A veces será
acompañar una huelga de hambre, a veces será un destierro, o una
falsa denuncia, o el ser fichado…Muchas
veces ese magis me exigirá
vivir paradojas: por ejemplo la de querer
inculturarme sin perder un ápice de lo que grabaste en tu Evangelio; otras
veces será querer tocar puntos clave de influencia y al mismo tiempo bajar
hacia el encuentro con los más pobres… creyendo que eres tú, perdido
en quien ya no tiene rostro de persona, el que es realmente la luz de las
naciones. Toda esta última manera de amistad, es el magis. Me doy cuenta
de ello. La consigna es el medio más eficaz hacia esa manera
de amistad. Ese magis cuando
lo expreso frente al mundo, se convierte en algo que me da identidad, en
carisma personal o colectivo. Ese carisma necesitará
siempre modos de hacerlo concreto, modos de que tome cuerpo. Cada uno en
donde esté tiene que encontrar el modo de que se estructure ese carisma porque
si no se apaga. La tercera semana es una
continuación de la tercera manera de amistad, haciendo que de verdad
desee sentir el dolor del mundo, y tu dolor Jesús en el mundo sufriente, para que desee contribuir –en mi medida potencia- a
desclavarte de todas las cruces
históricas. Cómo añoro todo eso. Por eso me ayuda mucho estar cerca, lo
más cerca que pueda de las voces de dolor. Pero no frente a las noticias de televisión que me hacen espectador sin
compromisos. Tengo que buscar siempre colocarme con sencillez y aprender a ir
tomando partido poco a poco.
Y a hacer lo que puedo; ni más
pero tampoco menos.
La cuarta semana es el horizonte
del magis . Porque la muerte no ha apagado mis deseos; el mal del mundo no borra los deseos de
justicia, de libertad y de vida que tengo, que
tenemos. La resurrección es el “sí” definitivo del Padre a nuestras
profundas ansias, a nuestros profundos deseos como personas y como miembros de
esta caravana en donde caminamos. La
contemplación para alcanzar amor me coloca, después de la experiencia tenida,
en la tónica de que quiera “en todo” –expresión nueva del
magis- amar y servir .
Y ahí comprendo
que el amor debe ponerse en obras y no en palabras. Comprendo
que el amor tiene como único modelo el amante y la persona amada. Y que es
comunicación. Ya que he recibido “tanto bien” no
me queda sino darlo todo: Tomad
Señor y recibid toda mi libertad…. Sabiendo que debo estar siempre
preparado para que se alimente mi magis , que se nutra con las gracias que me vas dando cada día, más que con otros instrumentos: Estar dispuesto
a recibir día tras día, mayores gracias y dones espirituales, ponía Ignacio
en las Constituciones. Te cuento que me da
mucho gusto que este magis lo
podamos vivir los jesuitas y un
sin número de laicas y laicos que vibran con ello y nos comunican vida, pero
veo que es crucial la experiencia profunda de Ejercicios. Esto del magis
no es cosa para entenderla sino para experimentarla. Señor, dame la experiencia de que viva como gracia
principal de mi vida, el deseo de que Tú me coloques en las obras que te
dan más gloria, que tienen por eso más
trascendencia; esas obras que vayan vertebrando la historia, que quitan
las cadenas a la gente, que liberan de toda lo que aplasta. Esas obras que aunque sean de gran trascendencia se expresan en
cositas pequeñas en los cada-días, como el “sí” de María en su casita
de Nazaret. Concédeme que esté en
la disposición de sufrir las consecuencias de incomprensión, persecución y aún
la muerte por todo eso. Eso Señor es muy difícil. Eso sí que no se hace por voluntarismos.
Más aún, cuando me experimente realizando algo así, voy a estar seguro que eso
es una fuerza “sin causa precedente”, como decía Ignacio, signo claro de tu presencia. Hemos vivido
experiencias fuertes de esos impulsos tuyos
compartiendo con Rutilio Grande y sobre todo estando cercanos a Monseñor
Romero. Eso significa que si me dejo mover por tu fuerza, la
magia acaece. Por eso, con
todo mi corazón, con todo mi cuerpo, con toda mi capacidad de pensar y desear te pido: dame tu amor
y tu gracia que esto me basta. Sé de quién me he fiado y por
eso no voy perdido. Amén.
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